Hoy me he despertado con enormes deseos de verte. Al final no ha sucedido pero solo con imaginarlo he andado un poco a tropezones las horas muertas, los minutos desamparados y los segundos imperceptibles.

Hace algunas noches, alguien desde muy lejos me hizo llorar, me emocionó hasta la médula y aún hoy creo notar las teclas húmedas. Nunca pensé que un comentario a uno de mis escritos me llegara tan hondo. Describía casi literalmente nuestros sentimientos, al menos los míos. Una de dos, o he sido muy clara en mis exposiciones o mi corazón es tan transparente como el cristal.

Jamás nadie sin conocerme demasiado, me ha descrito con tan bellas palabras. Todas con gran acierto aunque no fuesen las que a mí me gustaría leer.

Quisiera alejarme de tu vida pero no lo consigo. Creo que tenemos mucho que darnos mutuamente. Ese amor del que mi amigo hablaba. Ese don inmenso del que Dios nos ha dotado para sentirnos henchidos dando, la mayor parte de las veces sin esperar nada a cambio.

Vuelvo a releer sus palabras y aún a riesgo de que me taches una vez más de sentimental sin remedio, he sentido correr por mis mejillas esos pequeños ríos salados de las lágrimas que descargan mis emociones sin límite.

No me importa que las teclas terminen mojadas de nuevo porque esos cuadrados que empujan las yemas de mis dedos también saben algo de amor, de sentimientos, de emociones, de anhelos y de esperanzas.

Son esas pequeñas cosas que también forman parte de mi ser, de mi yo, de mi amor por ti para siempre.

Buenas noches amor.