Querido amor: En mi parque de otoño ya hay una
pequeña alfombra de hojas esparcidas por el suelo. El frío ya se nos cuela por entre las rendijas de los ventanales del día y nos va aproximando ligeros escalofríos que me hacen cobijarme aún más en mis recuerdos, en los tuyos, en los míos. Son las noches oscuras, largas y solitarias de este otoño invierno que ya se nos aproxima.

Esto es, claro está, si no hay nada más a nuestro lado que nos consuele. Ahora mismo solo tengo palabras, recuerdos, sueños. Dicen que cuando al cabo del tiempo volvemos a releer nuestras cartas de amor, nos parecen necias y estúpidas. Pero…. ¿que sucede cuando es a cierta edad cuando hacemos y sentimos lo que nunca nos ha sucedido?

Hoy no se lo que yo daría por sentir de cerca el perfume de tu cuerpo, la calidez de tus abrazos y el tacto de tus caricias. Creo que lo has intentado, pero las circunstancias nos han vuelto a dar la espalda sin éxito.

¿Cómo puedes pasar sin mí tanto tiempo? Si yo no tuviese este “rincón” tan mío, tan íntimo, tan….personal, no sabría qué hacer. Tal vez me ahogaría. Todo nos lo supedita el tiempo; pero siempre nos quedarán, aunque sea en “frío” los recuerdos de los momentos ardientes. Hay veces que no se qué sueños tengo, ni que veo ni a hacia qué punto voy. No deseo sueños imprecisos pero desgraciadamente son cada vez menos visibles.

No quiero ni deseo construir teorías, La escarcha de tu recuerdo deja en mí cada madrugada un corazón mas helado. Pero aún a riesgo de coger un resfriado, el motor que rige mi vida siempre te estará esperando, cálido, espacioso, generoso y sin condiciones.

Un beso con amor.