Tengo un cansancio enorme en el alma de mi corazón. Serán los tediosos días del verano los que me hacen bajar la guardia y ver cosas absurdas donde no las hay. Me gustaría que todos los acontecimientos “nuestros” no tuvieran ocaso. Ese final del día donde todo se difumina, donde nada es muy real y cuando las sombras enloquecen con el postrer vuelo de los pájaros.

Albergo sensaciones extrañas que me corroen como polillas en la madera y no me gustaría extraer conceptos equivocados. Dicen que a veces la vida puede ser sentida como una náusea en el estómago. Debe ser la existencia de la propia alma la que nos provoca molestias sin motivo.

Y luego vendrá la noche con sus recovecos para inundar con los sueños las cosas de acá porque las de allá desconocemos donde están ni como son. Pero te sigo amando y ese sentimiento real no es ningún sueño. Tampoco un espejismo. Me gustaría que el tiempo no interrumpiese nuestros sentimientos, pero hay cosas que por lo natural son absurdas.

Dicen que escribir equivale a olvidar y yo no estoy muy de acuerdo con ello. La literatura simula la vida. Y la mía aunque con connotaciones es tuya sin más. Poemas, párrafos inconexos, ideas, sentimientos, lenguajes en el paraíso de lo desconocido son únicamente para ti.

Y entre noche y noche persigo una idea descabellada que plasmo como puedo pero no como quiero. ¿El esfuerzo de sentir un amor como el que siento por ti? ¡El esfuerzo de amar simplemente!

Te quiero. Buenas noches amor.