Alguien escribió alguna vez que las mujeres amamos aquellas almas que nunca reconocemos. Así es posible que dentro de mí haya un pasado que nunca ha existido y que no por soñado miles de veces ha sido alguna vez real.


Los besos, los abrazos, las caricias, los susurros tan quedos, aquellas miradas que traspasaban mi corazón tal vez no pasaron nunca de ser un sueño, un bello sueño de amor.


Pero no, todos mis sentimientos tan fuertes o mas que el primer día, están en un paisaje determinado, en unos lugares concretos, en recónditos huecos perdidos, en miles y miles de párrafos.


Han estado y creo que aún quedan vestigios aunque no sean muy evidentes, en un paréntesis de nuestra vida que me niego a cerrar aún.


Me duele como enormes punzadas interiores no poder volver a esos lugares, reales o no. Y me tortura con angustia infinita no saber si aún te paseas por ese universo inmenso que Dios nos ha dado, conforme al espíritu de nuestros deseos de no habernos encontrado antes.


Lástima que no exista una isla para los desolados allí fluiría mi corazón como un río desbordado después de recoger, como afluentes vertidos desde las montañas, todas mis lágrimas que por nuestro amor derramo desde hace tiempo y a las que no encuentro ningún sentido, excepto Dios.


Buenas noches amor.