El verano se expresa con luz. Con miradas vagas desde pensamientos abatidos. Con ruidos densos que adormecen. Con alquitranes solapados en la orilla. Con ansiados besos salados en la arena. Esa displicencia...¿ habita también en tu corazón?.

Ahora, cuando una lágrima se evapora antes de recorrer mi rostro, mi alma sigue siendo tuya porque es infinitamente grande como para fenecer.

Paladeo aún en mi boca tus besos apasionados que dejaron en mí un sabor a miel. Con el reflejo azul en mis pupilas permanezco aún sin poder olvidarte.

Imagino las olas dibujando recuerdos y caricias y besos. Y un amor por tí que me despierta de mi hastío hasta emborracharme de tí. Y sigue la quietud del agua mojándome el corazón por los cuatro costados. Y aún mi sudor no desaparece. Y el calor me ahoga.

Y la luz se desvanece lentamente en un intento baldío de que me alumbres de cualquier manera. Pero todo vuelve a la oscuridad de la noche, a la abulia de loa recuerdos, a la cobardía de los sentimientos.

¿Por qué no dejas hablar a tu corazón? ¿Por qué no lo unes al mío para que puedan quemarse juntos en una tarde de hastío?.

Y yo sigo mirando al mar. Ese horizonte azul que me oxida el alma. Y seguiré preguntándome infinitos por qués sin respuesta hasta que la agonía del verano me despierte, o tal vez tú, o tal vez yo. Quizá nosotros.

Un beso salado con un rumor de olas. Buenas noches amor.