Los ruidos son todos ajenos, como si pertenecieran a otro universo, como si en la isla de mis pensamientos solo estuviésemos tú y yo. Somos por fin náufragos de nuestros recuerdos y de nuestras vivencias, de nuestro amor que se mantiene a flote no se por qué ni para que.

De vez en cuando a lo lejos oigo algún pájaro trinar. Es una remota música en un paraíso perdido. Aquí el tiempo no cuenta, los días se desvanecen y no deseo ser engullida por él. Es mejor así. El ayer podría ser hoy y el mañana puede ser ayer.

Me invade de pronto una extraña calma que deseo conservar mientras perdure. Sin tiempo. Me vengo al papel y escribo, escribo con cuidado con pausa aún a sabiendas de que tal vez me esté equivocando o perdiendo el….¿tiempo?

Mas tarde al oscurecer del otoño rojo el mundo, mi mundo, nuestro mundo se desvanecerá y todo volverá a ser lo que fue, lo que es. Intento saber en que nos equivocamos, si ha habido un error en amarte o si solo fue un espejismo sin sentido. Debe ser el placer de durar lo que tal vez no existió ¿o no?.

Y el mundo se agita en un segundo para hacerme recordar esos silencios tuyos que cada vez hacen mas ruido. Pero quiero conservar este instante en que estás, como casi siempre distante, para pasear por mi amor anhelante, subsistiendo como puedo por encima de la realidad para tratar de que mi amor perdure de una forma absoluta.

Te quiero igual que siempre.