Cuando las palabras hablan demasiado
Querido amor mío: El azar de los encuentros y las ausencias producen sensaciones extrañas. Tengo de pronto la extraña premonición de que posees mi corazón pero en una absoluta oquedad y para ti solo. En otros momentos se desvanece la emoción pero siempre hay un instinto sordo en mi alma que me hace imaginar que aunque estés lejos pisas tan cerca que tus pasos oigo. A veces son reales, ya sabes.
Me niego a aceptar que la ausencia destruya los sentimientos, sobre todo los tuyos y los míos. Hay algo que nos debe eximir de ello. Aunque haya alguien que no lea ni tan siquiera un borrador, releo mis escritos que es una forma un poco peculiar de acercarme a ti.
Sé que aún tengo un lugar de privilegio en tu existencia así al menos cuando vuelvo a verte la despedida posterior no se hace tan desgarradora. Dios no puede condenar el amor sincero. No puede ser.
SU deseo no creo que sea el que nos arranquen el alma mientras amamos, sufrimos, anhelamos, deseamos…
Hablaba, mejor dicho te escribía días pasados de crepúsculos sin darme cuenta de que si no estás a mi lado todo es un siniestro y oscuro atardecer. Y es que me duele el corazón de tanto como te quiero. Así mi alma no está en ningún momento árida. Siempre estarás en ella.
Y ahora déjame plasmar un sencillo adiós o un hasta pronto.
Te quiero






operadoor dijo
Espero que ya comience a corresponderte y que coseches lo que has labrado
23 Octubre 2007 | 04:44 AM