Los días son cada vez más largos y la luz veraniega ha empezado a doblegarse tarde, muy tarde. No creas que te he olvidado solo es el tiempo el que me devora. El trabajo rellena todos mis huecos y entre oquedades sobresale aún el amor que te sigo teniendo. El alma y el corazón son como tórtolas locas que vuelan por entre los ramajes del esqueleto.

Pienso que a veces es mejor incapacitarse. Anular sentimientos. Perder todo el sentido de la nostalgia, toda fórmula para recordar. Luego en el silencio de las noches solitarias y cada vez menos frías el tu y “yo también” me suena lejano, irreal y tal vez se asemeje a un sueño reparador.

Alguien dijo que entre el sueño y la realidad estamos nosotros. Decir “te quiero” formará parte de mi misma mientras viva. Ya lo hacía antes de conocerte. Intuía que ibas a llegar aunque ello supusiera cambiar mi vida para siempre.

Día tras día, año tras año aunque ahora todos me resulten pocos, sin descanso y sin intermitencias te seguiré llevando en mi corazón arropándote con el mismo e intenso amor de siempre.

Te quiero.